¿Por qué la foto gótica de los Zapatero con el matrimonio Obama en el Metropolitan ha sido la comidilla del país? Récord de comentarios. Un bombazo en internet. De hecho, la foto se comió la presencia de Zapatero en la ONU y en el G-20. ¿Fue la fealdad de la imagen, tan evidente, tan inesperada y tan demoledora? Ni hablar. ¿Quién no ha sufrido una pésima fotografía? Que levante la mano quien no haya roto muchas instantáneas horrorosas de sus hijos, de sus amores o propias. Hasta las familias más guapas, pasando por todas las estrellas del cine, tienen un mal día. El terremoto mediático no vino sólo por las posturas y los atuendos . Hubo algo más y bastante más hondo.
Al atardecer del jueves pasado, cuando empezó a difundirse la foto, la primera impresión fue de incredulidad: aquello era un engendro y, por tal, tenía que ser un montaje tan burdo como malintencionado. Pronto se produjo una conjunción. De un lado, se confirmó que la foto increíble era auténtica y que su fuente inicial había sido la web de la Secretaría de Estado USA. De otro, que los fontaneros de Moncloa habían conseguido de los americanos su retirada de la web oficial y estaban maniobrando para que no se divulgara en los medios españoles. Esa convergencia generó un impulso colectivo que rompió los diques. Un diluvio incontenible sobrevino.
De golpe se reunieron una serie de ingredientes. En el fondo, la terrible estética. Encima, muchos explosivos. La pretensión de ocultar la imagen real de las dos hijas. La intención de seguir haciendo suponer a la ciudadanía cierta imagen paterna y familiar que no se es. La enorme sorpresa de descubrir la verdadera imagen ocultada, aquella que a casi todos ha recordado a la familia monster. Los argumentos capciosos sobre la protección de la intimidad de las menores para trasladar las culpas a los periodistas, cuando era evidente que habían sido los propios padres -Zapatero y esposa- quienes habían incrustado a sus hijas en un viaje oficial -pagado por todos los ciudadanos- y se las habían llevado a saludar a los Obama, dando el visto bueno a su vestimenta o, tal vez, resignándose a la imposición de las menores del atuendo tétrico, posando con Barack y Michelle en una fotografía oficial. ¿Qué cosa concreta pretendía ocultarnos Zapatero -o sus fontaneros- vetando la difusión de la foto? Y de conseguir el secretismo: ¿qué sucedáneo de imagen de sí, de sus hijas y familia deseaba seguir aparentando o haciéndonos suponer?
En ese cocktail estuvo la clave. La imposición de la impostura. La censura de la antiestética y devastadora verdad. La hipocresía de las excusas. La transferencia de responsabilidades. Zapatero, en estado puro, bajo pretexto de proteger a sus hijas. He ahí el detonante que convirtió la fotografía en la undécima lámina del famoso test de Hermann Rorschach. Como es de común dominio, el test es una técnica y método proyectivo de psicodiagnóstico, que recurre a 10 láminas, compuestas por manchas de tintas sobre fondo blanco con una morfología ambigua pero sugerente. El paciente las ve una a una y debe manifestar que le sugiere la mancha observada. En las respuestas, hay una proyección del estado psíquico del paciente, que permite establecer un diagnóstico psicológico.
La impactante fotografía ha sido como pasarle a la ciudadanía una lámina negra de Rorschach. A los españoles la lámina gótica les ha provocado un universo de sugerentes proyecciones. Es decir, de exteriorizaciones de su malestar psicológico hacia Zapatero. En cantidad incontenible. Y por el record de respuestas que atestan Internet y los blogs, parece que a Zapatero la gente le tiene ganas. A él, no a sus hijas.
Aparentar lo que no se es se acaba pagando muy caro. No vamos a entrar en el difundido, evidente pero fácil argumento según el cual la demoledora fotografía explica la política de Zapatero en Educación para la ciudadanía, la píldora postcoital, el aborto sin consentimiento ni "injerencia paterna", la impostura de imponer el nombre de matrimonio a las convivencias homosexuales, la actitud despectiva hacia la familia fundada en el matrimonio, hacia las familias numerosas, hacia los grupos que defienden la vida, hacia las víctimas del terrorismo cuando le sobran a su política con Eta, el gusto por capitanear al más trivial y frívolo progresismo... y el rosario de mentiras y vacuidades sobre cualquier área afectada por la brutal crisis económica. Quien no es capaz de tener la autoridad, la previsión y clarividencia, la experiencia y el criterio para asegurarse que sus hijas vayan vestidas de manera adecuada y no polémica a una cita con los Obama en el Metropolitan, ¿no será un vacuo cateto, consentidor de caprichos progres, incapaz de gobernar España y más en las circunstancias actuales?
Publicado en: La Nación
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