martes 28 de julio de 2009

Arturo Pérez Reverte: ESA GENTUZA

Paso a menudo por la carrera de San Jerónimo, caminando por la acera opuesta a las Cortes, y a veces coincido con la salida de los diputados del Congreso. Hay coches oficiales con sus conductores y escoltas, periodistas dando los últimos canutazos junto a la verja, y un tropel de individuos de ambos sexos, encorbatados ellos y peripuestas ellas, saliendo del recinto con los aires que pueden ustedes imaginar. No identifico a casi ninguno, y apenas veo los telediarios; pero al pájaro se le conoce por la cagada. Van pavoneándose graves, importantes, seguros de su papel en los destinos de España, camino del coche o del restaurante donde seguirán trazando líneas maestras de la política nacional y periférica. No pocos salen arrogantes y sobrados como estrellas de la tele, con trajes a medida, zapatos caros y maneras afectadas de nuevos ricos. Oportunistas advenedizos que cada mañana se miran al espejo para comprobar que están despiertos y celebrar su buena suerte. Diputados, nada menos. Sin tener, algunos, el bachillerato. Ni haber trabajado en su vida. Desconociendo lo que es madrugar para fichar a las nueve de la mañana, o buscar curro fuera de la protección del partido político al que se afiliaron sabiamente desde jovencitos. Sin miedo a la cola del paro. Sin escrúpulos y sin vergüenza. Y en cada ocasión, cuando me cruzo con ese desfile insultante, con ese espectáculo de prepotencia absurda, experimento un intenso desagrado; un malestar íntimo, hecho de indignación y desprecio. No es un acto reflexivo, como digo. Sólo visceral. Desprovisto de razón. Un estallido de cólera interior. Las ganas de acercarme a cualquiera de ellos y ciscarme en su puta madre.

Sé que esto es excesivo. Que siempre hay justos en Sodoma. Gente honrada. Políticos decentes cuya existencia es necesaria. No digo que no. Pero hablo hoy de sentimientos, no de razones. De impulsos. Yo no elijo cómo me siento. Cómo me salta el automático. Algo debe de ocurrir, sin embargo, cuando a un ciudadano de 57 años y en uso correcto de sus facultades mentales, con la vida resuelta, cultura adecuada, inteligencia media y conocimiento amplio y razonable del mundo, se le sube la pólvora al campanario mientras asiste al desfile de los diputados españoles saliendo de las Cortes. Cuando la náusea y la cólera son tan intensas. Eso me preocupa, por supuesto. Sigo caminando carrera de San Jerónimo abajo, y me pregunto qué está pasando. Hasta qué punto los años, la vida que llevé en otro tiempo, los libros que he leído, el panorama actual, me hacen ver las cosas de modo tan siniestro. Tan agresivo y pesimista. Por qué creo ver sólo gentuza cuando los miro, pese a saber que entre ellos hay gente perfectamente honorable. Por qué, de admirar y respetar a quienes ocuparon esos mismos escaños hace veinte o treinta años, he pasado a despreciar de este modo a sus mediocres reyezuelos sucesores. Por qué unas cuantas docenas de analfabetos irresponsables y pagados de sí mismos, sin distinción de partido ni ideología, pueden amargarme en un instante, de este modo, la tarde, el día, el país y la vida.

Quizá porque los conozco, concluyo. No uno por uno, claro, sino a la tropa. La casta general. Los he visto durante años, aquí y afuera. Estuve en los bosques de cruces de madera, en los callejones sin salida a donde llevan sus irresponsabilidades, sus corruptelas, sus ambiciones. Su incultura atroz y su falta de escrúpulos. Conozco las consecuencias. Y sé cómo lo hacen ahora, adaptándose a su tiempo y su momento. Lo sabe cualquiera que se fije. Que lea y mire. Algún día, si tengo la cabeza lo bastante fría, les detallaré a ustedes cómo se lo montan. Cómo y dónde comen y a costa de quién. Cómo se reparten las dietas, los privilegios y los coches oficiales. Cómo organizan entre ellos, en comisiones y visitas institucionales que a nadie importan una mierda, descarados e inútiles viajes turísticos que pagan los contribuyentes. Cómo se han trajinado –ahí no hay discrepancias ideológicas– el privilegio de cobrar la máxima pensión pública de jubilación tras sólo 7 años en el escaño, frente a los 35 de trabajo honrado que necesita un ciudadano común. Cómo quienes llegan a ministros tendrán, al jubilarse, sólidas pensiones compatibles con cualquier trabajo público o privado, pensiones vitalicias cuando lleguen a la edad de jubilación forzosa, e indemnizaciones mensuales del 100% de su salario al cesar en el cargo, cobradas completas y sin hacer cola en ventanillas, desde el primer día.

De cualquier modo, por hoy es suficiente. Y se acaba la página. Tenía ganas de echar la pota, eso es todo. De desahogarme dándole a la tecla, y es lo que he hecho. Otro día seré más coherente. Más razonable y objetivo. Quizás. Ahora, por lo menos, mientras camino por la carrera de San Jerónimo, algunos sabrán lo que tengo en la cabeza cuando me cruzo con ellos.

5 comentarios:

Wilfredo dijo...

Simplemente magistral. Desde España a mi Puerto Rico, es esa gentuza inculta, prepotente y sin vergüenza gobierna el país. Nos mantiene en pelea, los unos y los otros, cual si fuera una guerra civil. Gentuza simplemente gentuza.

Anónimo dijo...

Sr. Reverte, he leído todos los libros que ha publicado, le sigo desde que estaba en el diario Pueblo, ya le digo he comprado y sigo comprando todo lo que publica, tanto en libros como artículos periodísticos, pues me ha gustado mucho "ESA GENTUZA", los define muy bien como son, salvo excepciones, que tambien vd. las hace, pero veo que dice que seguirá escribiendo sobre esto, así que espero su próximo articulo.

Anónimo dijo...

Exactamente eso que define es lo que me producen fascistas como Reverte: ganas de potar.
¡¡A las 9 de la mañana!! Hala, que madrugón, ¿y los que nos levantamos a las 6 y a las 7?
Puestos a generalizar casi todos los escritores apenas saben juntar tres palabras, se plagian y tienen "negros".

José Luis González dijo...

En relación a “Esa Gentuza” de (Pérez Reverte) … Respondo a Nacho Cembellín; Estimado Nacho Te doy la razón cuando dices “El caso es que la crítica a nuestra "clase" política cada vez es mas unánime y eso es desgraciadamente malo, sobretodo para nosotros”
Si en efecto eso es extremadamente malo para nosotros, el pueblo. Pero inmediatamente, al segundo apenas, te quito la razón, porque eso es esperanzadoramente bueno para nosotros el pueblo, o sea, la crítica a nuestra clase política. Capitanes, ideólogos ojo avizor, eso es lo que nos falta al pueblo liso, trabajador y llano para como hace El Sr. Pérez-Reverte pasearse por la Carrera de San Jerónimo, por los periódicos, por los telediarios y por las oficinas del paro y verles la cara “dura por supuesto” a nuestros politicastros y espetarles también a la cara “para ver si se les ablanda un poco a base de mamporros dialécticos como lo hace D. Arturo, que lo borda”, lo mal que lo hacen. A ver si como él dice (Cuando la náusea y la cólera son tan intensas.) que acabaremos vomitando, y vomitando… vomitando acabaremos galopando y ponemos en práctica aquello tan hermoso que cantaba Paco Ibáñez; A galopar hasta enterrarlos en el mar.
Que razón le asiste a Vd. querido y admirado D. Arturo Pérez-Reverte cuando dice aquello de “Cuando la náusea y la cólera son tan intensas” que le comprimen a uno con fuerza el diafragma y los intercostales hasta hacerle vomitar bilis de vergüenza y de rabia ante los pavoneos y las inutilidades de esos politicastros, algo debe ocurrir y ocurre y es grave cuando a otro ciudadano, este de 61 años, también en correcto dominio de sus facultades mentales, con una culturilla algo menos adecuada, de inteligencia… si, también media y con un razonable conocimiento del mundo, de mucho sirven los viajes e Internet y en situación social de “paro” se le suben al campanario, no la pólvora que la que le queda está ya un poco mojada, pero si la bilis, lance las campanas al vuelo aunque al badajo le flaqueen ya las fuerzas para golpearlas y grite e invoque a los políticos honrados convencido de que haberlos haylos para que galopemos y echemos a patadas de sus escaños a los que no lo son y son tantos… por el bien de todos de ellos y sobre todo de nosotros que les pagamos.
Otro día podría contarles, que hoy tendrán Vds. poco tiempo, mis paseos por la oficina del paro y lo que observo en las caras de los funcionarios y las absurdas reglas que los politicastros paren para los parados.
José Luis González

Anónimo dijo...

Creo sinceramente que este artículo tiene un doble sentido. Básicamente, el Sr. Reverte hace una crítica destructiva de la figura del diputado, sin entrar a profundizar en las relaciones humanas, obviandolas por completo. Es cierto que los políticos de hoy tienen quizá demasiadas prevendas, y aun así, existen los que se venden en su afán de ser más ricos y acaudalados, los que le importa un huevo el interés general --curiosamente por lo que en teoría están ahí-- o el medioambiente, o el futuro de nuestros hijos/as.
Aun así, los políticos son necesarios, quizá ese demoledor artículo lo debería de dirigir a las estructuras sociales que dan pie a la existencia de semejantes especímenes. Claro esta, que este artículo, en una página donde "Ciudadanos" está en su frontispicio, da que pensar si lo que sirve es más para desprestigiar al diputado, o a los partidos en los que están, y a la vez sirva como reclamo para engrosar las filas de éste, para que algún día puedan llegar a ser como los otros.